Las redes sociales pueden parecer la “salvación” de las personalidades narcisistas e histriónicas para mantener su ego (creerse su yo ideal, intentando ignorar al yo real). Pero cada vez son más los estudios que asocian la adicción desmesurada a redes como Facebook, Instagram o twitter con baja autoestima, depresión y falta de habilidades sociales.
La renuncia voluntaria a la intimidad de algunos usuarios de redes sociales es el precio a pagar para obtener más “me gusta”. “Maquillar” o exagerar la realidad (tanto física como vivencial) a corto plazo funciona como “parche” para sentirse mejor, pero a la larga, genera más vulnerabilidad e inseguridad, fomentando un autoconcepto basado en una imagen que no es real.
Claro está, todo depende del uso que cada uno haga de ellas. Y aunque seguirán sin ser capaces de mejorar la interacción cara a cara, es incuestionable que, cuando hablamos de comunicación, las ventajas superan a los inconvenientes.